domingo, 6 de noviembre de 2016

Desahogo.

No he tenido con quién desahogarme en mi vida. Jamás. He tenido una gran familia y grandes amigas por quienes doy todo, pero mi cerebro jamás me ha permitido decir lo que pensaba al 100%. A veces creo que porque esperaba que me leyeran la mente. Otras, porque realmente esperaba que nadie supiera lo que estaba pensando realmente. Nunca le he contado todo a nadie.
Y no voy a empezar ahora.

Para mí, siempre es, ha sido y será más sencillo contarle mi vida al anónimo tras la pantalla, que no va a responder, ni participar de ningún modo, y por ende sólo seré la loca de turno de Internet.
Si no sabes qué siento, es porque a) no atiendes lo suficiente o b) no tienes que saberlo.

Cansada. Triste. Y al borde de la rendición.
Pero ésta es mi manera de sacarlo todo. Y no voy a cambiar.

domingo, 31 de julio de 2016

Temblando.

Temblando.
Estoy sentada en la cama, con el estómago enfurecido contra mi persona, abrazando a un peluche  como si volviera a tener 3 años, y temblando.
Estoy pensando en la infinidad de planes que tenía para nuestra vida, que teníamos, y sigo temblando.
Y tengo miedo, miedo de que esta situación se siga repitiendo en el tiempo, miedo de seguir compitiendo contra un recuerdo que ya debería haber dejado de ser hasta eso. Miedo de no aguantar una nueva discusión, un nuevo enfrentamiento, un nuevo intento por separarnos y acabe, otra vez, temblando.
Miedo de que la próxima vez te entregue las llaves, y con ellas todo lo que quede de nuestra relación, y me vaya. (¿Sabrás siquiera que pensé en dartelas, considerando eso el final de nosotros? Duermes, así que lo dudo.)

Que si me muero mañana (cosa hasta posible, aunque poco probable, viendo la salud tan precaria con la que cuento ultimamente) lo último que haya hecho sea decirte que apagues la tele si quieres... Aún espero un abrazo, aunque me lo pidas y no lo tomes. Un beso, un lo que sea que me quite de la cabeza que sólo estás conmigo para no estar solo, que aún la echas de menos, que aún la quieres, que no me quieres, que no me amas, que no soy nadie en tu vida...

Despiértate, y haz que deje de temblar.

lunes, 16 de mayo de 2016

Ansiedad

Mira, no sé qué decirte.

Acepto que el pasado no es mi problema. Ni mi pasado, ni el suyo, ni ninguno. Si no estuve, ¿qué tengo yo que decir de ello? Si estuve, ¿de qué sirve quejarme si no puedo cambiarlo? El pasado está ahí, sin más. Me recuerda lo que he vivido, pero más allá de un recuerdo... no es nada.

Acepto que el futuro no puede quitarme el sueño. Ya vendrá. Sea cuál sea, ya vendrá. Y si es juntos, mejor, obviamente, pero no puedo decir mucho sobre ello, ¿no? Yo haré mi parte y él la suya, y si concuerdan las piezas del puzzle para que sigamos el camino juntos, pues bien, y si no, al menos no me quedaré con el remordimiento de no haberlo dado todo.

Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué la ansiedad, por qué el miedo, por qué la sed de conocimiento de cosas que no me incumben, por qué el sentimiento de ni merecer ni pertenecer al hueco que me ha hecho en su vida? Es absurdo, sí, lo sé. Quiero parar.

Aprieta el freno, es así de sencillo.

Aprieta el freno, aparca, sal a que te dé el aire, y déjate llevar.

Fácil de decir...

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Motivada.

Para un sencillo ejercicio de clase, me pedían una lista de las 10 cosas que más me apasiona hacer. Parece una tarea sencilla, cuyo objetivo era el de, simplemente, enseñarme a organizar mi tiempo para incluir esas 10 cosas, o al menos una de ellas, en mi vida diaria y/o semanal, para ser más feliz, al fin y al cabo. Fui incapaz de escribir ni una sola de ellas.

Me quedé en blanco, petrificada, ante aquel maldito pedazo de papel. Soy una chica activa, animada, que tiene ganas de hacer feliz a todo aquel que pasa por su lado (al menos, la mitad del tiempo...) pero era incapaz de pensar qué me movía. Qué me hacía seguir adelante. Qué me hacía feliz, más allá de familiares y amigos. Y ahí comprendí, súbita y dolorosamente, que era esa falta de motivación la razón principal de que yo no fuera capaz de levantarme de la cama la gran mayoría de las mañanas. Era ésa la razón de la depresión que llevo arrastrando, más mal que bien, los últimos 4 años.

"No hay nada que me motive, que me apasione." Ése fue mi primer pensamiento. Parece obvio, ¿no? Si no sé qué me motiva, es que no hay nada que lo haga. Arrugué el papelito con todas mis ganas y lo guardé en la mochila, dispuesta a olvidar aquella dichosa lista, pero ella seguía todo el tiempo en mi cabeza. ¿Por qué me levanto por las mañanas? Por mi familia. Para no decepcionarles. Para ayudarles a seguir... Pero eso no vale. Yo debería moverme por mí misma, no por otros. Debería levantarme por las mañanas con ganas de comerme el mundo, sí, pero sobre todo con ganas de que al final del día pueda mirar lo que he hecho y sentirme orgullosa. Orgullosa de mí misma y mi camino. Sin embargo, llevo 7 años en una carrera que nunca me convenció, y que estoy terminando (gracias a Dios) sólo porque los últimos 5 años de mi vida he dicho "Total, ya llevo X años aquí, sólo me quedan Y asignaturas y tendré un título". Un título... ¿De qué sirve tener un título de algo en lo que no quiero trabajar? De nuevo, las expectativas ajenas. De nuevo, no decepcionar a los demás.

Al final del día, ya en casa, decidí buscar ayuda en mi familia, pensando que a lo mejor yo no quería ver mis motivaciones, fuera por la razón que fuese. Dos de las personas que mejor me conocen y más me quieren me dieron varias opciones. Leer. Escribir. Por alguna razón ninguna de ellas me pareció especialmente apasionante. Sí, me encanta leer y escribir, pero no me levanto por la mañana con la idea en mente de leerme tal libro o escribir tantas páginas. Antes sí, eso es cierto. Con... no sé, catorce o quince años, me levantaba fácilmente a las siete de la mañana sólo porque un nuevo capítulo de mi libro favorito estaba esperándome para sumergirme en su universo, o me quedaba despierta hasta las tres, cuatro de la madrugada escribiendo una nueva página de aquella historieta que, con personajes "prestados", escribía con toda mi pasión en una página web cualquiera, a la espera de comentarios y consejos. Es sorprendente cómo la vida te puede cambiar en un par de años. O cómo, más bien, cambiamos nosotros pensando que es lo que la vida nos pide.

Una de mis hermanas me sugirió también esa "habilidad mía" para saber siempre a dónde ir, estemos donde estemos, esos "recovecos secretos" de los centros comerciales, los museos, las calles de la ciudad, del aeropuerto... o también dónde encontrar esto o aquello, a quién llamar, a quién consultar... Pero tampoco lo considero algo que me haga levantarme por las mañanas para saber más. Es algo que simplemente sé. Recojo datos de lo que oigo, de lo que me cuenta mi familia, o mis amigos, o mis compañeros, y lo proceso para usarlo en el momento exacto. Me salto un atasco acudiendo por carreteras secundarias que sé que son más rápidas. Entro por una entrada diferente a la habitual a un centro comercial porque me agobian las aglomeraciones. Acudo a un restaurante con pintas "estrafalarias" porque sé que allí se come mejor que en cualquier otro de su tipo... Pero eso es algo que llevo casi innato en mí. No sé cómo mejorarlo, sólo... aprendo.

Así que al final del día acabé sentada en la cama, meditando, tratando de encontrar mis 10 pasiones, y he aquí la respuesta que no esperaba hallar:

Mi mayor pasión, hoy día, es encontrar mis pasiones.

Y quizás sea la mejor forma de levantarme de la cama que haya podido encontrar.

martes, 28 de julio de 2015

A aro pasado.

Es inútil. Da igual si lo intenta o si se queda mirando al aro desde aquel punto intermedio entre el fondo de la pista y la zona de tiro libre. Hay tantas posibilidades, tantas opciones distintas, y es a ella a la que le tocó un firmamento cargado de estrellas apagadas. Que da igual, muchos le han dicho ya que las estrellas que vemos ya no existen, por aquello de que en realidad estan tan lejos que vemos la imagen que mandaron mucho tiempo atrás, con todo aquello sonándole al sentimiento que florecía en su estómago cuando leía conversaciones antiguas con gente que ya no quería saber nada de amistades pérdidas. Da igual. Es una tontería intentarlo. Todo está planeado sobre la línea dibujada con precisión milimétrica, y va a llegar ella y cargárselo como siempre. Da igual.

Dejémoslo en que es mejor no tirar.

miércoles, 15 de julio de 2015

Jaque Mate, mi Rey.

Blanco o negro.

Maldita partida de ajedrez.

Mueve el peón, un pequeño detalle sin importancia, buscando una sonrisa que hace días que no sale a ver el sol. Responde el caballo, mal humor, altanería, pocas ganas de contarte la verdad de sus lágrimas. Avanza el alfil, con sutileza y elegancia, pero es rápidamente embestido por una reina traicionera que no deja opción a nada más que a un ataque certero. El rey se enroca, en busca de un poco más de tiempo para pensar, pero la reina no se detiene, los caballos buscan su posición, y los alfiles de la reina negra no dan lugar a duda, abandonados al fondo del tablero.

En esta partida, el rey blanco busca las tablas, y la reina negra el jaque mate.
En esta partida, él quiere quedarse donde están. Ella quiere irse y no volver.

Eso creen, al menos.

Ellos no ven más allá. Ni siquiera las manos que mueven las piezas. Ni siquiera las almas que luchan por dar sentido a la batalla que no saben que se vive en el tablero.

En esta partida no ganan blanco o negro. Una vez más, en esta partida ganan los matices.

martes, 30 de junio de 2015

T(ortura) o T(erapia) {?}

Me traumatizas, me bloqueas, me hacer pensar en cosas Que no son, me obligas a dejar de pensar en cosas Que sí son... Me desesperas, me desquisias, me haces traspasar mis propios límites... Me haces estremecer... Un puta mirada, una puta sonrisa... ¿En que piensas, pequeño? No, espera... Ya no eres pequeño. Sabes lo que estas haciendo.

.Delirium Tremens.

Escrito el 21 de septiembre de 2010, perdido en la memoria colectiva hasta que a la escritora le ha dado por eliminar su pasado trayéndolo de vuelta.

sábado, 20 de junio de 2015

Luces, cámaras...

Rebobinar hasta diciembre.
Y volver a gritar ¡acción!.
Que las cámaras fueran testigos de la sonrisa más hermosa, dulce y satisfactoria de este mundo, la tuya justo antes de mojarte los labios y que la felicidad te llegue a los ojos.
Que la claqueta señalara el comienzo de un nuevo momento para recordar de nuestras vidas, que el realizador se volviera loco con la claridad de las imágenes que formaran la escena de un amanecer a tu lado, o un atardecer frente a la playa.
Que el escenógrafo no tuviera trabajo, porque la ropa sólo serviría para decorar el suelo frente a tu cama, el sofá, la ducha. Porque ni con todos los espectadores del mundo me avergonzaría de besar cada poro de tu cuerpo, mientras me quedo desnuda, dejando que disfrutes de mi anatomía como sólo dejaría que tú lo hicieras.

Rebobinar hasta diciembre.
Borrar del disco duro de mi vida todos los errores irreparables de un director que no sabe cómo expresar una idea, de una guionista que se pierde entre tantas opciones, de unos actores que, sin guía, se pierden en un sinsentido que ni los Razzie premiarían.

Rebobinar hasta diciembre,
y en lugar de rendirme, atreverme. O rendirme, sí, pero esta vez, ante la evidencia más grande de mi vida. La que me cuenta que apoyarme en los que me quieren no es un error. La que me cuenta que puedo ser débil y fuerte a la vez. La que me cuenta que era mejor ser egoísta alguna vez.

Rebobinar hasta diciembre.
Y volver a gritar ¡acción!
Porque ¡corten! sólo indicaba el final de una escena, no de la película entera.
Idiota de mí, qué poco cinéfila soy.

martes, 3 de febrero de 2015

Espíritu Libre

Los que de verdad la conocían decían de ella que era un espíritu libre, una ráfaga de energía incontrolable que arrasaba todo lo que pillara a su paso. De joven la llamaban "rarita", pero con el tiempo el mote paso a ser una de sus señas de identidad...

Si la ves, la reconocerás enseguida. Sonrisa entre tierna y pícara, mirada insondable y misteriosa... Sus palabras probablemente te provoquen un escalofrío, puesto que son elegidas cuidadosamente por una mente extraordinariamente rápida. Verás en ella un apoyo fundamental, o una enemiga irracional, no hay más opciones.O quizás te enamores de ella, en cuyo caso, mejor huye. Ella se deja querer, aunque no quiera. Te puede robar el corazon, pero no te lo devolvera.

Ella es una pequeña zorra. Sí. Pero, creeme, cuando la pruebes, no podrás dejarla escapar. 

Escrito el 21 de agosto de 2010, perdido en la memoria colectiva hasta que a la escritora le ha dado por eliminar su pasado trayéndolo de vuelta.

martes, 30 de diciembre de 2014

Rechazo.

Rechazar los placeres de la vida por miedo. A eso hemos llegado. A decir que sí a las drogas y que no al amor. A negarnos el derecho de sentir cualquier cosa que mínimamente se asemeja a la felicidad que de niños sí éramos capaces de sentir, y compartir, por miedo a un sinfín de gilipolleces que no pintan nada en nuestras vidas. El qué dirán, el "qué va a pasar dentro de seis meses", el "no creo que lo nuestro tenga futuro"... ¿De qué sirven aparte de para amargarnos la existencia bloqueando una y otra vez lo que nuestra mente, alma, cuerpo, corazón, lo que sea, nos pide? ¿Qué hay de malo en disfrutar de una caricia, de un beso, de una noche de pasión sin más complicación que la del momento y el lugar?

No logro entenderlo, no entiendo por qué nos cerramos en banda a sentir algo sin planificar todos y cada uno de los movimientos que dicho sentimiento va a realizar en nuestra vida y en nuestro futuro. No es algo que podamos elegir, nunca podremos saber qué va a pasar mañana, si mañana estaremos aquí o nos habrá pasado algo, si estaremos enfermos, si estaremos cansados del mundo, nada. No sabemos absolutamente nada de lo que va a pasar dentro de 1 segundo porque estamos tan interconectados con todo en este universo que ni siquier puedo estar segura de que pueda llegar a publicar esta entrada antes de que se acabe el mundo.

Estoy cansada de decir que no a todo. Estoy cansada de que me lo nieguen todo. Quiero querer. Y que me quieran. Y disfrutar. Y dejar de rechazar(me).

jueves, 25 de diciembre de 2014

Cenicienta.

Para ti solo sere Cenicienta... la chica con los tacones de cristal Que desaparece de tu vida al dar las 12. Todo un sueño para un chico como tu, no? Dejare en tu vida solo una ligera señal de Que alguna vez estuve ahi... Pasare por tu vida sin pena ni gloria, pero tu siempre te acordaras de mi vestido azul, mis zapatos de tacon y mi cabello ondeado al viento mientras huyo escaleras abajo de la vida Que me podias haber regalado. PorQue ya no estamos en la epoca de los cuentos de hada, y una cenicienta como yo no se conforma con un principito azul de esos Que destiñen. Prefiero al lechero, fijate...

viernes, 28 de noviembre de 2014

Dos chicas.

Dos chicas, sentadas en la cama, tomando leche con cereales mientras ven un programa de telebasura que siempre juraron odiar y que ahora ven para echar un poco de menos a su abuela, que ya no está entre ellas por desgracia.

Dos chicas que no hablan, que se sienten solas incluso estando juntas, que tienen miedo a la oscuridad, al viento, a envenenarse con cualquier bobería que coman, a todo y a nada. Dos chicas que llevan juntas 23 años y que no se conocen de nada.

Angie y Luna se miran, de reojo, como si no quisieran que la otra supiera que sabe que está ahí, y devuelven su mirada al televisor. Automáticamente, con el corazón acelerado y las manos agarrando con fuerza la taza y la cuchara. No son conscientes del porqué, sólo huyen del encuentro.

Angie y Luna no son hermanas. No son amigas. No son enemigas. Ellas son mucho más que eso, incluso sin saberlo. Ellas son la complicación de todos los días, las dudas infinitas.

Angie y Luna son la misma persona.
Angie y Luna son dos caras de la misma moneda.
Angie y Luna son las dos personalidades bifásicas de la persona que, realmente, está ahora sentada frente al ordenador.

Angie y Luna somos yo.

martes, 10 de junio de 2014

Estabilidad.

No he tenido una vida estable en mi vida. No he tenido hogar. Está la casa de mis padres, y la de mi abuela. Pero no hay nada que yo sienta como "mi casa" o "mi cuarto". Siempre fue "el cuarto de mi hermana y mío", y más adelante, "el cuarto del centro", porque no era mío. Los muebles no son míos, y los que en realidad sí lo son, como la cama, los siento como una parte de mí que no tiraría por nada. Lo más parecido a algo mío es el coche, y llevo como un año que tampoco es propiamente mío. Manuela lo era. Manuela era mía al 100%. Ese coche era el lugar en el que dormir en medio de cualquier calle sin tener un ápice de miedo. Era donde yo sentía que estaba mi hogar, con una maleta con todas mis pertenencias en el maletero junto a una caja de redbull y una veintena de paquetes de ramen.

¿Tienes idea de lo jodida que está mi cabeza para que yo diga, completamente segura, que un coche al que le puse hasta nombre era mi hogar?

Ahora, con 23 años, le tengo pánico a algo estable. Mi cuerpo, mi mente, mi alma incluso, me piden deambular de casa en casa, de ciudad en ciudad y de país en país. Necesito tener todas mis cosas en maletas y cajas que pueda llevar con facilidad de un sitio a otro, o tener mis cosas repartidas por todos los sitios. Soy sólo una gata cansada de ronronear por un poco de atención.

No quiero una vida estable. Quizás cuando "sea mayor", pero no ahora. Ahora necesito seguir deambulando hasta que me canse, me caiga de rodillas y no me levante más. Y no sé cuándo será eso en realidad.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cansancio

Hacía tiempo que no me sentaba sola. Estoy a la vista, cualquiera que pase por esta lúgubre habitación podrá reconocerme. Además, llevo una sudadera que siempre reconocen como tuya. Pero probablemente siga sola el resto de la tarde. Si tengo suerte, hasta haré algo de utilidad. Si no la tengo, seguiré aquí tecleando palabras que no sé a dónde tratan de llevarme.

Hacía tiempo que no se me saltaban las lágrimas de impotencia. No quiero ser yo la que rompa una promesa y te pida que hagas tu elección, no sólo porque sé que al pedirte que elijas, no me elegirás a mí, sino porque además llevo tiempo intentando ser la Dama que fui, pero parece que el camino de Rosas se perdió hace tiempo de mi vista y ni por el de las Baldosas Amarillas llegaré a algún lado.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Como el perro y el gato.

En cierta forma, tiene gracia la forma en la que se muerde el labio, nerviosa, mirando al infinito que se esconde más allá de la pantalla de su ordenador y tratando de actuar como si no le oyera, como si no le viera, como si no sintiera su presencia en la sala. Siempre ha sido muy torpe para ocultar sus pensamientos, pero en las últimas semanas nadie le ha dado tregua a su mente y ahora, con sus pies taconeando inconscientemente y sin saber lo que escribir para pasar el mal trago de sus ojos buscandola por la sala, sabe que el tiempo apremia y que más pronto que tarde sus ojos se han de cruzar.

Sin embargo, una pequeña parte de ella es toda una señora, una dama que no necesita caballero no importa si está en apuros o no, y es por ello por lo que cierra el portátil y, sin dejar escapar el suspiro que amenaza con huir de sus labios, se echa la mochila al hombro y sale del edificio, por la salida más alejada de la posición del chaval que, pobre de él, sólo pudo suspirar al verla marcharse otra vez. Como el perro y el gato, estos dos...

viernes, 6 de julio de 2012

Peldaños.

Déjame decirte una cosa... No pierdas más el tiempo. Estás tratando de hacerte a la idea, de hacer que de repente todo tenga una explicación... Cuando la explicación más sencilla es que la idea original era errónea.

Yo sigo aquí, en esta escalera, esperando un café que hace tiempo acepté que no me ibas a traer, ¿y qué más da? Sentada no me duelen los pies de tanto caminar...

Sugerir lo sugerido en el momento preciso fue probablemente el error más acertado que has cometido, querido.

Sacudido el polvo del pantalón, adquirido de nuevo el equilibrio sobre los tacones... Es hora de subir el siguiente escalón.

Al fin y al cabo, el café estará frío para cuando vuelvas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Noches pasadas, vicios presentes y pensamientos futuros.

Nada de lo que he hecho es demasiado peligroso, demasiado malo o demasiado ilegal. Demasiado. Un poco, quizás. Quizá conducir a 190Km/h no fue lo más inteligente, no. O jugar con fuego, y con humo. O compartir aquella copa. O disfrutar de ti de la manera que lo he hecho. Lo que pasa bajo las sábanas de mi cama se queda enredado entre ellas, dejando su aroma en la almohada y el recuerdo en unos labios que quizás, sólo quizás, luego te echen de menos.
Pero no prometo nada, porque cielo, esta es mi cama, y en ella no mando ni yo. Y si entre beso y beso se te escapa un te quiero, haré como que no lo he oído. Y si se me escapa a mí, tranquilo, es el momento, el silencio... son tus besos. Es el roce de tus dedos, de unos que no conozco, que nunca he visto moverse tan rápido ni tan ágilmente, y quizá sea eso, la sorpresa, o el momento, pero ahora no quiero perder ni uno solo de tus besos.
Pero no te preocupes, cariño, es sólo esta noche. Mañana no me importará nada... A no ser que tus dedos me recuerden que me importa.

martes, 4 de enero de 2011

Juegos de palabras, a doble o nada.

Odio las indirectas.
Vale, cierto, estoy mintiendo. Odio las indirectas, excepto las Que vienen de ti.

Es sólo que me pone increiblemente nerviosa que de cada tema sepas sacar algun doble sentido... Cuando dices que tras hablar conmigo puedes estar con una sonrisa en la cara durante horas... Cuando me pides que no me ponga celosa, porque eres solo mio... Cuando me dices que salir de marcha sin mi no es lo mismo... De verdad, ¿de verdad quieres que piense que no hay nada detras de esas palabras?

Nos conocemos. Mejor de lo que la mayoría nos conoce. Tu sabes que yo estoy loca. Yo se que no eres tan timido como pintas. Tu sabes que yo soy irresponsable, impulsiva y en ocasiones, inmadura. Yo se Que tu eres cruel, sádico y excesivamente picaro para la fachada de cobardia que presentas a diario. Tu sabes que me haces temblar cada vez que rozas mi piel. Yo sé lo que ocultan tus palabras.

¿Para que engañarnos? Me encantan tus indirectas. Y me encanta el hecho de que nunca me confirmes o desmientas ese doble sentido...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Sueños de un domingo tardio.

-... Y entonces nos ibamos de compras por Madrid, y viviamos en un tercero, ¡sin ascensor! Y tu dormias en el cuarto Que habia al final de la casa, y yo en el Que estaba frente al baño. Y mi cuarto tenia las paredes de color berenjena, ¡y una pared negra! ¡NEGRA Aldo! Dime Que no sería perfecto para mí...
- ¿Y Que más pasaba? Me tienes intrigado...
- No... Na-a-ada... Sólo eso...
- ¿Sólo eso? ¿Entonces porQué tartamudeas? Ay Angela... Pero bueno, Que me gusta tu sueño.
- ¿Ah sí? ¿PorQué?
- Hmmm... no sé, me gusta la idea de irnos a Madrid. Bullicios, gente, conciertos, musicales, ver un Madrid-Barça en el Bernabeu...
- ¡Tú siempre tan optimista! Piensa en los ruidos, la contaminacion, los atascos...

Suena el timbre. Fin del descanso por cambio de turno. Es hora de entra a la universidad.

- ¿Sabes lo mejor de tu sueño? - Aldo se levanta, y comienzo a alejarse en direccion a su facultad.
- No, ¿Qué es? - Pregunta Angela gritando, mientras recoge sus cosas.
- Que yo salgo en él...

Aldo sigue caminando. Angela se Queda parada, sin reaccionar. Luego, se ríe y sale corriendo a clase, Que llega tarde.

martes, 3 de agosto de 2010

Desayuno Con Diamantes.. O Rubies.. O Esmeraldas

Sonrie, y se para ante su obra para vislumbrar cualQuier error en la composicion Que pudiera estropear el momento magico Que esta creando:

Dos tostadas, el cafe, algo de zumo de naranja recien exprimido y sin pulpa, leche, azucar, algo de fruta... Una rosa roja, una rosa blanca, y una nota, plastificada para evitar desastre de ultima hora, cuyo Te Quiero escrito con boligrafo rojo resaltaba sobre todo lo Que la bandeja llevaba.

Subio, de puntillas, las escaleras Que conducian al dormitorio, y se detuvo en el dintel de la puerta a observarla con detenimiento. Cabello rubio, sonrisa inQuietante aun estando dormida, ese cuerpo Que el tanto deseaba cada dia, esas curvas Que la hacian decir Que estaba gorda (cuando era perfecta, simplemente perfecta), hasta las uñas de los dedos de los pies, algo descuidadas porQue segun ella no le hacia falta cuidarselas si no las enseñaba.

De repente ella se desperto, y el, plantado ante la cama, solo pudo esbozar una sonrisa, antes de Que ella rehusara desayunar con el con excusas baratas, se vistiera y se marchara.

¿Por Que lo seguia intentando, si hacia tiempo Que ella no era su Julieta? Ahora se hacia llamar solo Julia, y esa Julia tenia esposo, y una hija hermosa.

Pero para el era Julieta, la protagonista de la mayor historia de amor jamás contada: la historia de su vida.

Se sento en la cama, conecto la television, y disfruto del desayuno como si esta vez ella sí hubiera aceptado Quedarse alli con el.