Hacía tiempo que no me sentaba sola. Estoy a la vista, cualquiera que pase por esta lúgubre habitación podrá reconocerme. Además, llevo una sudadera que siempre reconocen como tuya. Pero probablemente siga sola el resto de la tarde. Si tengo suerte, hasta haré algo de utilidad. Si no la tengo, seguiré aquí tecleando palabras que no sé a dónde tratan de llevarme.
Hacía tiempo que no se me saltaban las lágrimas de impotencia. No quiero ser yo la que rompa una promesa y te pida que hagas tu elección, no sólo porque sé que al pedirte que elijas, no me elegirás a mí, sino porque además llevo tiempo intentando ser la Dama que fui, pero parece que el camino de Rosas se perdió hace tiempo de mi vista y ni por el de las Baldosas Amarillas llegaré a algún lado.
Estoy cansada. No, cansada no es la palabra, es herida. Herida porque lo doy todo y no recibo lo suficiente. ¿Qué es lo suficiente? Pues dejar de querer morirme cada día por ser insuficiente para ti. Para tu felicidad. ¿Cuándo dejé de ser feliz, de querer serlo, de intentar serlo con todas mis fuerzas, para pasar a calcular el daño que te hacía? Dime qué día fue para volver al pasado y borrarlo, porque ese día comenzamos tú y yo a morir un poquito más rápido. Quizás ese día, por alguna razón, firmé la condena de esta relación que en realidad es el aire que aún respiro. Pero que parece un manjar demasiado caro y exquisito para mi pobre bolsillo.
Mis dedos no tiemblan al escribir esto, y es extraño. Es una confesión que no quiero que leas pero que quiero que sepas, ¿no es irónico? Quiero que sepas que me hace daño tu indecisión y tus ganas de tenerlo todo y no perder nada, sin que sean mis labios o mis dedos los que te lo cuenten. Pero bueno, mis ojos llevan un mes gritándotelo y no es que le hayas hecho mucho caso.
Esto no es como se suponía que iba a ser. No es ser feliz o no. Eso yo ya supuse hace tiempo que no duraría mucho... No. Me refiero a sentir que me vendes cada día. Falsedad. O jugar con dos caras a hacer feliz a todo el mundo. ¿No ves que sería más feliz si te vas con ellos y me dejas ya? ¿Por qué seguir buscando excusas para seguir juntos si ya empieza a estar claro que todos esos sueños compartidos que ayer mismo me hacían tan feliz nunca van a hacerse realidad? ¡¿Como demonios quieres que sean de verdad si me dices que me amas y que quieres que siga contigo a pesar de que él quiere que te deje y luego te vas exactamente con la persona que más daño me (nos) está haciendo?!
Estoy cansada. No, cansada sigue sin ser la palabra. Es harta. Harta de que quieras tener a todo el mundo contento, hiriendo a todo el mundo en tu camino. Quiero ser feliz. Quiero que me hagas feliz. Pero nada de dobles matices. O conmigo sin él, o con él sin mí. Estoy cansada.
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