domingo, 6 de noviembre de 2011

Noches pasadas, vicios presentes y pensamientos futuros.

Nada de lo que he hecho es demasiado peligroso, demasiado malo o demasiado ilegal. Demasiado. Un poco, quizás. Quizá conducir a 190Km/h no fue lo más inteligente, no. O jugar con fuego, y con humo. O compartir aquella copa. O disfrutar de ti de la manera que lo he hecho. Lo que pasa bajo las sábanas de mi cama se queda enredado entre ellas, dejando su aroma en la almohada y el recuerdo en unos labios que quizás, sólo quizás, luego te echen de menos.
Pero no prometo nada, porque cielo, esta es mi cama, y en ella no mando ni yo. Y si entre beso y beso se te escapa un te quiero, haré como que no lo he oído. Y si se me escapa a mí, tranquilo, es el momento, el silencio... son tus besos. Es el roce de tus dedos, de unos que no conozco, que nunca he visto moverse tan rápido ni tan ágilmente, y quizá sea eso, la sorpresa, o el momento, pero ahora no quiero perder ni uno solo de tus besos.
Pero no te preocupes, cariño, es sólo esta noche. Mañana no me importará nada... A no ser que tus dedos me recuerden que me importa.

martes, 4 de enero de 2011

Juegos de palabras, a doble o nada.

Odio las indirectas.
Vale, cierto, estoy mintiendo. Odio las indirectas, excepto las Que vienen de ti.

Es sólo que me pone increiblemente nerviosa que de cada tema sepas sacar algun doble sentido... Cuando dices que tras hablar conmigo puedes estar con una sonrisa en la cara durante horas... Cuando me pides que no me ponga celosa, porque eres solo mio... Cuando me dices que salir de marcha sin mi no es lo mismo... De verdad, ¿de verdad quieres que piense que no hay nada detras de esas palabras?

Nos conocemos. Mejor de lo que la mayoría nos conoce. Tu sabes que yo estoy loca. Yo se que no eres tan timido como pintas. Tu sabes que yo soy irresponsable, impulsiva y en ocasiones, inmadura. Yo se Que tu eres cruel, sádico y excesivamente picaro para la fachada de cobardia que presentas a diario. Tu sabes que me haces temblar cada vez que rozas mi piel. Yo sé lo que ocultan tus palabras.

¿Para que engañarnos? Me encantan tus indirectas. Y me encanta el hecho de que nunca me confirmes o desmientas ese doble sentido...