jueves, 28 de noviembre de 2013

Cansancio

Hacía tiempo que no me sentaba sola. Estoy a la vista, cualquiera que pase por esta lúgubre habitación podrá reconocerme. Además, llevo una sudadera que siempre reconocen como tuya. Pero probablemente siga sola el resto de la tarde. Si tengo suerte, hasta haré algo de utilidad. Si no la tengo, seguiré aquí tecleando palabras que no sé a dónde tratan de llevarme.

Hacía tiempo que no se me saltaban las lágrimas de impotencia. No quiero ser yo la que rompa una promesa y te pida que hagas tu elección, no sólo porque sé que al pedirte que elijas, no me elegirás a mí, sino porque además llevo tiempo intentando ser la Dama que fui, pero parece que el camino de Rosas se perdió hace tiempo de mi vista y ni por el de las Baldosas Amarillas llegaré a algún lado.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Como el perro y el gato.

En cierta forma, tiene gracia la forma en la que se muerde el labio, nerviosa, mirando al infinito que se esconde más allá de la pantalla de su ordenador y tratando de actuar como si no le oyera, como si no le viera, como si no sintiera su presencia en la sala. Siempre ha sido muy torpe para ocultar sus pensamientos, pero en las últimas semanas nadie le ha dado tregua a su mente y ahora, con sus pies taconeando inconscientemente y sin saber lo que escribir para pasar el mal trago de sus ojos buscandola por la sala, sabe que el tiempo apremia y que más pronto que tarde sus ojos se han de cruzar.

Sin embargo, una pequeña parte de ella es toda una señora, una dama que no necesita caballero no importa si está en apuros o no, y es por ello por lo que cierra el portátil y, sin dejar escapar el suspiro que amenaza con huir de sus labios, se echa la mochila al hombro y sale del edificio, por la salida más alejada de la posición del chaval que, pobre de él, sólo pudo suspirar al verla marcharse otra vez. Como el perro y el gato, estos dos...