No he tenido con quién desahogarme en mi vida. Jamás. He tenido una gran familia y grandes amigas por quienes doy todo, pero mi cerebro jamás me ha permitido decir lo que pensaba al 100%. A veces creo que porque esperaba que me leyeran la mente. Otras, porque realmente esperaba que nadie supiera lo que estaba pensando realmente. Nunca le he contado todo a nadie.
Y no voy a empezar ahora.
Para mí, siempre es, ha sido y será más sencillo contarle mi vida al anónimo tras la pantalla, que no va a responder, ni participar de ningún modo, y por ende sólo seré la loca de turno de Internet.
Si no sabes qué siento, es porque a) no atiendes lo suficiente o b) no tienes que saberlo.
Cansada. Triste. Y al borde de la rendición.
Pero ésta es mi manera de sacarlo todo. Y no voy a cambiar.
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