Para un sencillo ejercicio de clase, me pedían una lista de las 10 cosas que más me apasiona hacer. Parece una tarea sencilla, cuyo objetivo era el de, simplemente, enseñarme a organizar mi tiempo para incluir esas 10 cosas, o al menos una de ellas, en mi vida diaria y/o semanal, para ser más feliz, al fin y al cabo. Fui incapaz de escribir ni una sola de ellas.
Me quedé en blanco, petrificada, ante aquel maldito pedazo de papel. Soy una chica activa, animada, que tiene ganas de hacer feliz a todo aquel que pasa por su lado (al menos, la mitad del tiempo...) pero era incapaz de pensar qué me movía. Qué me hacía seguir adelante. Qué me hacía feliz, más allá de familiares y amigos. Y ahí comprendí, súbita y dolorosamente, que era esa falta de motivación la razón principal de que yo no fuera capaz de levantarme de la cama la gran mayoría de las mañanas. Era ésa la razón de la depresión que llevo arrastrando, más mal que bien, los últimos 4 años.
Me quedé en blanco, petrificada, ante aquel maldito pedazo de papel. Soy una chica activa, animada, que tiene ganas de hacer feliz a todo aquel que pasa por su lado (al menos, la mitad del tiempo...) pero era incapaz de pensar qué me movía. Qué me hacía seguir adelante. Qué me hacía feliz, más allá de familiares y amigos. Y ahí comprendí, súbita y dolorosamente, que era esa falta de motivación la razón principal de que yo no fuera capaz de levantarme de la cama la gran mayoría de las mañanas. Era ésa la razón de la depresión que llevo arrastrando, más mal que bien, los últimos 4 años.
"No hay nada que me motive, que me apasione." Ése fue mi primer pensamiento. Parece obvio, ¿no? Si no sé qué me motiva, es que no hay nada que lo haga. Arrugué el papelito con todas mis ganas y lo guardé en la mochila, dispuesta a olvidar aquella dichosa lista, pero ella seguía todo el tiempo en mi cabeza. ¿Por qué me levanto por las mañanas? Por mi familia. Para no decepcionarles. Para ayudarles a seguir... Pero eso no vale. Yo debería moverme por mí misma, no por otros. Debería levantarme por las mañanas con ganas de comerme el mundo, sí, pero sobre todo con ganas de que al final del día pueda mirar lo que he hecho y sentirme orgullosa. Orgullosa de mí misma y mi camino. Sin embargo, llevo 7 años en una carrera que nunca me convenció, y que estoy terminando (gracias a Dios) sólo porque los últimos 5 años de mi vida he dicho "Total, ya llevo X años aquí, sólo me quedan Y asignaturas y tendré un título". Un título... ¿De qué sirve tener un título de algo en lo que no quiero trabajar? De nuevo, las expectativas ajenas. De nuevo, no decepcionar a los demás.
Al final del día, ya en casa, decidí buscar ayuda en mi familia, pensando que a lo mejor yo no quería ver mis motivaciones, fuera por la razón que fuese. Dos de las personas que mejor me conocen y más me quieren me dieron varias opciones. Leer. Escribir. Por alguna razón ninguna de ellas me pareció especialmente apasionante. Sí, me encanta leer y escribir, pero no me levanto por la mañana con la idea en mente de leerme tal libro o escribir tantas páginas. Antes sí, eso es cierto. Con... no sé, catorce o quince años, me levantaba fácilmente a las siete de la mañana sólo porque un nuevo capítulo de mi libro favorito estaba esperándome para sumergirme en su universo, o me quedaba despierta hasta las tres, cuatro de la madrugada escribiendo una nueva página de aquella historieta que, con personajes "prestados", escribía con toda mi pasión en una página web cualquiera, a la espera de comentarios y consejos. Es sorprendente cómo la vida te puede cambiar en un par de años. O cómo, más bien, cambiamos nosotros pensando que es lo que la vida nos pide.
Una de mis hermanas me sugirió también esa "habilidad mía" para saber siempre a dónde ir, estemos donde estemos, esos "recovecos secretos" de los centros comerciales, los museos, las calles de la ciudad, del aeropuerto... o también dónde encontrar esto o aquello, a quién llamar, a quién consultar... Pero tampoco lo considero algo que me haga levantarme por las mañanas para saber más. Es algo que simplemente sé. Recojo datos de lo que oigo, de lo que me cuenta mi familia, o mis amigos, o mis compañeros, y lo proceso para usarlo en el momento exacto. Me salto un atasco acudiendo por carreteras secundarias que sé que son más rápidas. Entro por una entrada diferente a la habitual a un centro comercial porque me agobian las aglomeraciones. Acudo a un restaurante con pintas "estrafalarias" porque sé que allí se come mejor que en cualquier otro de su tipo... Pero eso es algo que llevo casi innato en mí. No sé cómo mejorarlo, sólo... aprendo.
Así que al final del día acabé sentada en la cama, meditando, tratando de encontrar mis 10 pasiones, y he aquí la respuesta que no esperaba hallar:
Mi mayor pasión, hoy día, es encontrar mis pasiones.
Y quizás sea la mejor forma de levantarme de la cama que haya podido encontrar.
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