No he tenido una vida estable en mi vida. No he tenido hogar. Está la casa de mis padres, y la de mi abuela. Pero no hay nada que yo sienta como "mi casa" o "mi cuarto". Siempre fue "el cuarto de mi hermana y mío", y más adelante, "el cuarto del centro", porque no era mío. Los muebles no son míos, y los que en realidad sí lo son, como la cama, los siento como una parte de mí que no tiraría por nada. Lo más parecido a algo mío es el coche, y llevo como un año que tampoco es propiamente mío. Manuela lo era. Manuela era mía al 100%. Ese coche era el lugar en el que dormir en medio de cualquier calle sin tener un ápice de miedo. Era donde yo sentía que estaba mi hogar, con una maleta con todas mis pertenencias en el maletero junto a una caja de redbull y una veintena de paquetes de ramen.
¿Tienes idea de lo jodida que está mi cabeza para que yo diga, completamente segura, que un coche al que le puse hasta nombre era mi hogar?
Ahora, con 23 años, le tengo pánico a algo estable. Mi cuerpo, mi mente, mi alma incluso, me piden deambular de casa en casa, de ciudad en ciudad y de país en país. Necesito tener todas mis cosas en maletas y cajas que pueda llevar con facilidad de un sitio a otro, o tener mis cosas repartidas por todos los sitios. Soy sólo una gata cansada de ronronear por un poco de atención.
No quiero una vida estable. Quizás cuando "sea mayor", pero no ahora. Ahora necesito seguir deambulando hasta que me canse, me caiga de rodillas y no me levante más. Y no sé cuándo será eso en realidad.